De feria en Villa Las Rosas

De boca en boca. Así se llega a los lugares mas lindos, se prueban las comidas mas ricas, se conocen los mejores aromas.

El comentario casi al pasar, reconozco, lo había recibido varias veces: ¿Fuiste a la feria de Las Rosas? Repetir un no a la pregunta me pesaba ya bastante.

Era cuestión de decidirse y emprender camino. Desde la capital y por Ruta Provincial 34, viajamos en auto por un poco más de dos horas. Nos tentamos de quedar en Mina Clavero, al pie de las Sierras Grandes, que con sus ríos dorados conquistan a cualquiera en viaje.

Avanzamos y en poco tramo mas llegamos a Villa Las Rosas. Corazón del Valle de Traslasierra, al pie del enorme cerro Champaquí, esta localidad de 4000 habitantes nos regala la tranquilidad de esos paisajes casi suspendidos entre el sol y las sierras.

El microclima de Las Rosas ofrece a la vista verdes y multicolores en plantas y flores, de ahí su nombre. Aquí hay mas humedad que en otros lugares del valle, lo que la convierte en un lugar único.

Crédito: Mariana Perassi

Ahora podré decir sí, conozco la Feria de Villa Las Rosas. En la plaza central algo antes del mediodía de cada sábado el movimiento no cesa. Productores y artesanos se disponen entre charlas, a armar sus puestos para la feria del día.

Feria de Artesanías y Productores en Villa de Las Rosas

Comida, de la que busques: empanadas calientes, tapas, carnes al disco, paella, fiambres, sándwiches y quesos. Postres, tortas, dulces caseros y golosinas artesanales. Para acompañar, jugos, licores y hasta pintas de cerveza. También están las artesanías en madera, las plantas, los tejidos y los productos de cosmética natural. De seguro algo paso por alto en mi lista, la oferta no tiene fin.

Todo, de cada productor, directo a la mano de los visitantes.

No falta el mate entre mano y mano, boleto directo a iniciar la charla. La pasión con que cada feriante cuenta sobre su trabajo, desde la labor de buscar sus materia prima hasta pensar en el diseño del puesto, todo es con absoluta dedicación.

Así conozco más de la historia de este fenómeno social: hace algo más de siete años, un grupo de lugareños de Las Rosas empezaron a idear este espacio, que para ser realidad contó con el apoyo del municipio local.

Porque no se trata simplemente de un intercambio comercial de alguien que vende y alguien que compra. Es un hecho humano.

Así llegué aquí, y así se disfruta este paseo: hablando con los artesanos, amando lo que ofrecen, y deseando volver.

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